Es el tramo más corto de toda la cadena y, casi siempre, el más caro. Si tu coste de distribución crece más rápido que tus ventas, el problema rara vez está en el transportista: está en cómo has diseñado la última milla.
En resumen: la última milla concentra entre el 41 % y el 53 % del coste logístico, según la fuente y lo que se mida. La optimización de la última milla se apoya en cuatro palancas: más densidad de entrega, una promesa de servicio segmentada, entregas a la primera y un transporte gestionado con datos. Bien aplicadas, reducen el coste de entrega sin empeorar el servicio.
Cuánto pesa la última milla en el coste logístico
No hay una cifra única, y conviene saber qué mide cada una:
- 41 % del coste total de la cadena de suministro, según Capgemini Research Institute (The last-mile delivery challenge). Es más que el almacenaje, la clasificación o la preparación de pedidos.
- Hasta el 53 % del coste total del envío, según otras estimaciones del sector centradas en e-commerce.
El motivo es estructural. En larga distancia un camión mueve mucho volumen entre pocos puntos. En la logística de última milla, una furgoneta hace decenas de paradas para dejar uno o dos bultos en cada una. El coste deja de medirse por kilómetro y pasa a medirse por parada.
Dónde se genera el coste de entrega
- Baja densidad: pocas entregas por ruta y mucha distancia entre paradas.
- Exceso de urgencia: entrega rápida y franja estrecha para todos los pedidos, la necesiten o no.
- Entregas fallidas: cada segundo intento se paga dos veces y no genera ingreso.
- Capacidad infrautilizada: vehículos que salen a medio llenar y tiempos de espera en cada parada.
- Decisiones comerciales: el envío gratuito o el pedido unitario encarecen la operación aunque el cliente no lo perciba.
Por eso la última milla no debería gestionarse como un coste aislado. Es la consecuencia de cómo está diseñada toda la cadena de suministro.
4 palancas para optimizar la distribución de última milla
1. Ganar densidad de entrega
Es la variable que más mueve el coste por pedido: si el mismo vehículo hace más entregas con los mismos recursos, cada una cuesta menos. Se consigue así:
- Agrupando pedidos por zonas y ajustando días y frecuencias de reparto.
- Acercando el stock de alta rotación al cliente con micro-hubs urbanos o tiendas como punto de expedición.
- Revisando la ubicación de hubs y centros de distribución.
Es una decisión de diseño de red logística, no de operativa diaria.
2. Segmentar la promesa de servicio
La velocidad tiene un precio. La pregunta es qué nivel de servicio necesita cada cliente y cuánto está dispuesto a pagar por él. Ofrecer varias opciones (urgente con coste, estándar, franja elegida, día agrupado) permite consolidar volumen y reservar la entrega rápida para donde aporta valor. No se trata de dar peor servicio, sino de dejar de regalar el más caro por defecto.
3. Entregar a la primera
El indicador no es cuántos pedidos salen a reparto, sino cuánto cuesta cada entrega efectiva. Dos vías lo mejoran:
- Entrega fuera del domicilio: taquillas y puntos de recogida convierten muchas paradas en una y reducen de forma drástica las entregas fallidas.
- Comunicación proactiva: seguimiento en tiempo real y la opción de cambiar franja o dirección antes de que llegue el repartidor.
4. Gestionar rutas y transporte con datos
La ruta más corta no siempre es la más eficiente. Una buena planificación combina tráfico, ventanas horarias, capacidad del vehículo, tiempo por parada y restricciones urbanas, y se recalcula cuando cambia el día.
Lo mismo ocurre con el modelo de transporte. La flota propia compensa cuando hay volumen y densidad estables; la subcontratación aporta flexibilidad en picos y zonas dispersas. No hay una opción universalmente más barata: hay que calcularla para cada red.
Un aviso: implantar un software de rutas sobre un proceso desordenado solo acelera las ineficiencias. Primero se ordena la operación; después la tecnología multiplica el resultado.
Qué medir en la última milla
Indicador | Qué te dice |
Coste por entrega | Rentabilidad real por zona, canal y tipo de pedido |
Entregas por ruta y por hora | Densidad y productividad del reparto |
Entregas a la primera | Cuánto coste duplicas en reintentos |
Ocupación del vehículo | Capacidad que pagas y no usas |
OTIF (a tiempo y completo) | Si el ahorro está dañando el servicio |
Coste logístico sobre ventas | Impacto en margen y EBITDA |
El objetivo no es el mejor KPI de transporte de forma aislada, sino el equilibrio entre coste, nivel de servicio y experiencia del cliente.
Señales de que tu última milla necesita una revisión
- El coste por entrega sube aunque el volumen no crezca.
- Los vehículos circulan con capacidad disponible.
- Se acumulan entregas fallidas y kilómetros improductivos.
- La planificación de rutas depende de procesos manuales o de la costumbre.
- Trabajas con varios operadores sin una visión conjunta del coste.
- Las ventas crecen, pero el coste logístico crece más.
Esta última es la más importante. Si vender más encarece la distribución más de lo que aumenta el ingreso, el problema está en el diseño de la operación, no en el volumen.
Preguntas frecuentes sobre la última milla
¿Qué es la última milla en logística?
Es el tramo final de la distribución: desde el último centro logístico, almacén o tienda hasta el punto de entrega del cliente, sea su domicilio, un punto de recogida o una taquilla.
¿Qué porcentaje del coste logístico representa la última milla?
Entre el 41 % y el 53 %, según la fuente. Capgemini Research Institute la sitúa en el 41 % del coste total de la cadena de suministro; otras estimaciones del sector la elevan al 53 % del coste total del envío en e-commerce.
¿Reducir el coste de entrega implica empeorar el servicio?
No necesariamente. Una ruta mejor planificada reduce kilómetros y mejora la puntualidad, y una entrega a la primera ahorra coste y evita una mala experiencia. El servicio se resiente cuando se recorta la tarifa sin cambiar el diseño.
¿Es rentable ofrecer entrega en 24 horas o en el mismo día?
No siempre. Salvo que el cliente pague el coste real del servicio o que la densidad de pedidos en la zona sea muy alta, la entrega ultrarrápida erosiona el margen. Lo habitual es combinarla con opciones consolidadas más económicas.
¿Flota propia o transporte subcontratado?
Depende del volumen, la densidad, la geografía y el nivel de servicio. La decisión debe comparar el coste total y la flexibilidad de cada alternativa, no solo la tarifa. Lo más frecuente es un modelo mixto.
¿Cómo afectan las Zonas de Bajas Emisiones a la última milla?
Obligan a adaptar flotas y accesos en las ciudades. Apoyarse en micro-hubs urbanos y vehículos ligeros o eléctricos permite cumplir la normativa y, bien diseñado, ganar eficiencia en el reparto urbano.
La última milla empieza mucho antes del reparto
Mirar solo al vehículo y al conductor es quedarse corto. El coste de entrega se decide antes: dónde ubicas los centros, cómo consolidas los pedidos, qué prometes al cliente y qué modelo de transporte eliges.
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